Hoy acaba el plazo para presentar alegaciones en los centros escolares, y un año más comprobamos con sorpresa la cantidad de personas que se han mudado de domicilio justo un mes antes de presentar la solicitud en el colegio preferido o también la cantidad de personas que dice vivir con los abuelos. Por desgracia vivimos en el país de la picaresca y aquí el engaño es el deporte nacional. Algo tan sencillo como aceptar el colegio que te corresponde por tu domicilio se convierte en una cadena de fraudes para colocar al niño donde a los papas les plazca. Fraudes como manifestar que se está en proceso de separación para así obtener puntos por ser familia monoparental, siendo mentira o engaños al padrón declarando vivir en la capital, cuando en realidad, en algunos casos residen hasta en otras localidades de la bahía. Otra vez volvemos a ver como los padres de los niños damnificados, es decir los que no engañan, se han tenido que convertir en detectives por unas semanas para descubrir a los estafadores. Se dice, y con razón, que en España es muy barato delinquir. Aquí también, porque este problema que se repite año tras año, se solucionaría, primero con controles más exaustivos que hiciera más difícil el engañar y segundo con castigos o sanciones más severas. Después ponemos el grito en el cielo con Urdangarín y aquí el que no corre vuela. Y punto.